08.06.2011 15:45:21
Crónicas desde Malí

Cuenta la leyenda que durante el rodaje de la Reina de África todo el equipo técnico de la película enfermó. Siendo poco habitual para la época, rodaron parte de los exteriores en África en lugar de hacerlo en algún estudio de California. El resultado fueron disentería, diarrea y otros males típicos en estas latitudes para la gente que trabajaba en el film. Sin embargo, hubo dos personas que no padecieron ningún percance: se trataba del gran John Huston y del grandísimo Humphrey Bogart. La razón de tal misterio fue que en todo el tiempo que estuvieron allá no probaron una sola gota de agua. Parece que con el whisky y el gintonic les bastaba. La verdad, como otros muchos, siempre he tenido como referente a Humphrey, y más concretamente, a Rick de Casablanca. Sin embargo, mi hígado me aconsejó que no intentara imitarle en el tema de la bebida. Así que hoy, después de varios días, me encuentro postrado, con visitas (o carreras) asiduas al baño, como si fuera un técnico cualquiera de la peli de Huston, y Humphrey me mirara con desdén con su media sonrisa y un pitillo en la boca. Supongo que tarde o temprano tenía que pasar (...)


La buena noticia llega por parte del tiempo, que empieza a cambiar. Los días calurosos son interrumpidos, cada vez más, por lluvias en forma de tormenta que dura algunas horas. El espectáculo resulta digno de ver porque el cambio de tiempo es brusco y, rápidamente, puedes darte cuenta que se acerca la lluvia. Suele producirse a primera hora de la mañana o bien a última hora, cuando anochece. La verdad es que da la sensación que todo el mundo se prepara para el acontecimiento. Normalmente todo empieza con el viento, que se va haciendo más violento a medida que pasan los minutos. Después, puedes observar en el cielo cómo se aproxima el frente de nubes. Ese es el momento más especial. Subidos al tejado de nuestro apartamento tenemos una vista panorámica bastante privilegiada de todo el barrio. Cuando la tormenta se acerca puedes observar cómo los niños en la calle están más agitados de lo habitual, o cómo los hombres regresan a sus hogares, deshaciendo sus eternas charlas con los vecinos. Las mujeres, obviamente, se afanan en guardar todas las cosas dentro de casa antes de que la lluvia entre en escena. Durante estos momentos es cuando uno casi llora de la emoción al recordar una sensación olvidada: el frío.

Ante todos estos acontecimientos meteorológicos, y como ya comenté en mi anterior escrito, los alumnos me observan y se ríen (a escondidas) al ver las alteraciones que sufro ante tanto cambio de temperatura. Mis clases al sol han seguido su curso y puedo presumir de un bronceado parcial. En medio de este panorama vino la gente de Voces con Alejo Sauras y Raúl Peña a dar un curso de interpretación para los alumnos de teatro. Me alegré de no ser el único sudando y pasando el mismo proceso de adaptación que yo he vivido. El trabajo se enfocó en la interpretación ante la cámara, cosa muy útil teniendo en cuenta que la formación de los alumnos aquí se basa más en el teatro. Durante una semana, Alejo y Raúl fueron desgranando consejos y proponiendo ejercicios para familiarizarse con la cámara, con el micro y con el manejo de las herramientas del actor: la voz y la expresión corporal. Debo reconocer que, espiando de vez en cuando las clases, me sorprendió el desparpajo y la frescura de los alumnos. Como no he ido nunca a clases de interpretación, no le di más importancia al hecho hasta que vino Alejo en medio de una clase y me dijo que estaba muy sorprendido del nivel de los alumnos. Sobre todo, me dijo, el no tener miedo ante la cámara los dejó alucinados a él y a Raúl. Parece ser que en España es de las cosas que más hace falta trabajar con la gente que empieza. Así pues, las expectativas iniciales fueron superadas ampliamente y creo que todo el mundo quedó contento con la experiencia. Incuso hubo tiempo, aunque sólo sean rumores y no haya pruebas gráficas de ello, que hubo unas breves clases de introducción a las sevillanas al acabar las clases.

Ahora, cuando acabo de escribir esta crónica, creo que puedo decir que estoy ante un nuevo suceso climático curioso. Desde hace dos días, las moscas han tomado Malí. Nunca había visto a tantas juntas. Como en todos los lugares del mundo, son especialmente pesadas y uno sigue preguntándose por si tendrán alguna utilidad en el ecosistema o si también son especialmente inútiles. Escribiendo estas líneas me acuerdo de la famosa escena de Los pájaros de Hitchcock en la que, cada vez más, los pájaros van llenando el paisaje sin que la protagonista se dé cuenta. Esperemos que la cosa no vaya a más como en la peli del gran maestro y pueda dar fe de ello en una nueva crónica.

Jan Vilanova - Profesor de Voces y Foro de Creadores


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